Jan Svankmayer “Breakfast”

La primera vez que ví esta obra de Jan Svankmayer lo primero que inconscientemente me transmitió fue un cierto estado de repulsión e incomodidad. Era  un stopmotion con atisbos violentos y un mensaje degradado escondido.

La segunda vez que lo visioné, preparé mi sentido de la percepción para intentar ver más allá de lo mero superficial y aparente. Analicé cada una de las acciones de sus personajes intentando recabar en mi mente qué me recordaba, en busca del propio mensaje oculto que ese video entonces para mí, transmitiría.

Al principio cuando el consumidor entra en la habitación y se sienta frente al primer comensal veo soledad. Uno frente a otro pero sin ningún tipo de relación; me recuerda al auge de los teléfonos móvil y los whatsap como segundo tenedor en la sobremesa. Entonces el consumidor se percata del cartel. El primer comensal se convierte en un camarero esclavizado, un subordinado bajo sus órdenes. El consumidor, tosco en sus actos, se sube a la mesa, lee el cartel que el camarero cuelga de su cuello y como un autómata empieza a seguir las pautas. No duda, no siente. Siendo la producción de la obra un stop-motion, aumenta ese efecto entrecortado y violento propio de las maquinarias. Para mí es el reflejo de una sociedad insensibilizada que se atiende a las normas y hábitos sociales sin ni tan siquiera replanteárselos. Se recrea en mi mente la discriminación entre las jerarquías autoritarias o simplemente el tan habitual egoísmo y estado de conveniencia que hoy día se lleva en esta sociedad. Maltratar al prójimo o subordinado para sacarle el máximo provecho sin importar el daño que le ejerzas. Lo que no sabe es que al final del corto, él mismo será el servidor de un nuevo consumidor, que él mismo será maltratado para el fin de otra persona.


Alguien más positivo que yo, podría pensar que esta obra es la representación de la justicia del destino, de la kantiana filosofía ,dicha de manera coloquial, “no hagas para nadie lo que no quieras para ti”. Pero creo que todo es más grande que ese pequeño acto de aberración entre dos personas. El vídeo muestra una cola de personas en las puertas, esperando, para su ignorancia, ser complacidos para luego ser consumidos. Una realidad social más que individual.


Sé perfectamente que mi interpretación tal vez no sea la común entre otros de los presentes. O tal vez sí. Cada uno interpreta a través del filtro de sus recuerdos y emociones, y puede que yo lo vea más “negro” de lo que otras personas pudieran comprender.

¿Y a vosotros que os ha parecido?
Espero no agriarle el día a nadie. 

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